29 septiembre 2017

VISITA A MEDINA AZAHARA



Cuando Medina Azahara fue abandonada, destruida y expoliada no sólo desaparecieron los vestigios materiales de la gran obra de Abd al Rahman III, también su nombre cayó en el olvido. Durante cientos de años las ruinas de la que fuera la joya de la corona del Califato Omeya de Córdoba carecieron de nombre, de identidad. El proceso de recuperación ha sido largo y lleno de altibajos.
Cuando en el verano de 1236 el rey castellano Fernando III tomó Córdoba, el solar donde siglos atrás se alzó la gran Medina Azahara no era más que un campo de ruinas; una escombrera; un espacio al que se le podía obtener una cierta rentabilidad mediante la reutilización de los miles de sillares, ladrillos, tejas y piezas de mármol que se extendían a través de una centena de hectáreas. La reutilización masiva, previo permiso de la autoridad competente, del material arquitectónico se puede comprobar en los muros de dos insignes edificios cordobeses de los siglos XV y XVI: el cercano monasterio de San Jerónimo de Valparaiso y las Caballerizas Reales. La llamada por aquel entonces “Córdoba la Vieja” dependió primero de la Corona y, más tarde, del Concejo de Córdoba.

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Imagen: http://www3.uah.es/imagines_cilii/Anticuarios/imagenes/moralesantig.jpg
Muy probablemente, la primera persona en percatarse de la importancia de los restos de Medina Azahara fue Ambrosio de Morales. El insigne humanista, historiador y arqueólogo cordobés fue miembro de la comunidad de San Jerónimo durante unos años a mediados del siglo XVI. Quizás fue la observación diaria de las ruinas lo que le llevó a interesarse por las mismas. En su obra de 1575 “Las antigüedades de las ciudades de España” consideraba que se encontraba ante los orígenes de la ciudad de Córdoba, la fundación de Claudio Marcelo del siglo II a. C., la primitiva Corduva.
Más atinado estuvo en 1627 Pedro Díaz de Ribas quien opinó que los hallazgos en “Córdoba la Vieja” eran de construcciones de carácter árabe. Incluso se atrevió a proponer que pertenecían a un palacio de la época de Abd Al Rahman III. Los eruditos locales del XVIII (el Padre Ruano o Antonio Ponz) simplemente siguieron la línea planteada por Ribas.
Sin lugar a dudas, el siglo XIX resulta clave en el “descubrimiento” de Medina Azahara. Los inicios del arabismo moderno y la traducción de los escritos de autores como al Maqari o Ibn Irabi favorecieron la correcta adscripción de los restos. Fue el historiador asturiano Ceán Bermúdez quien acabó por confirmar que aquellas “piedras viejas” que tanto atraían a propios y extraños eran la famosa y mítica Medina Azahara.  Desde entonces, investigadores, arqueólogos, viajeros románticos y eruditos de todo el mundo han ido aportando su granito de arena para redescubrir la “Ciudad Brillante” de Abd al Rahman III, el Califa omeya de al Andalus.


Una de las afirmaciones más generalizadas sobre la arquitectura doméstica islámica es que las casas se organizan en torno a patios. Esta frase tan sencilla está llena de matices e interpretaciones.

Patio de la casa de Yafar, en Medina Azahara,
La organización de las viviendas alrededor de un patio o espacio abierto es algo que va mucho más allá de la arquitectura islámica; es una respuesta común a un clima común: el clima mediterráneo: muchos días de sol al año, buenas temperaturas y pocas lluvias que favorecen tener un lugar en el hogar que te aporta luz, ventilación y una zona de esparcimiento natural. Mientras que en el mundo grecorromano el patio es un elemento de ostentación y busca ser visto por todos los visitantes de la casa; en el caso islámico, es un espacio interior, de uso y disfrute casi exclusivo de los miembros de la familia. De este modo, y siempre en líneas generales, el patio andalusí prescinde en cierto modo del boato del romano convirtiéndose en una zona en la que lo funcional prima sobre el artificio y la decoración.
El modelo de patio más sencillo y estandarizado en Medina Azahara es el de un espacio de tendencia cuadrangular, con un andén perimetral, solado de piedra (arenisca o caliza violeta), con un sistema de recogida de aguas al centro. Este tipo de arquitectura la encontramos tanto en las zonas oficiales como en espacios de servicio. Sin embargo, en el sector privado del Alcázar se erigió una vivienda con una estructura completamente distinta: la “Casa de la Alberca”. En esta ocasión dos jardines rehundidos y una alberca sustituyen al típico espacio central enlosado. A los andenes perimetrales se une uno central que marca el eje axial de la estructura. Para completar el efecto, dos fachadas simétricas con un triple arco ricamente decorado se abren al espacio abierto. Las características arquitectónicas y decorativas tan excepcionales lleva a los especialistas a considerar que ésta fue la casa de Al Hakam II.  En su momento de apogeo, la alberca, repleta de agua funcionaría a modo de espejo de la opulenta fachada y de los frondosos jardines.
El modelo arquitectónico de la “Casa de la Alberca” supuso una auténtica novedad para el momento en cuanto a la organización de una vivienda. No debemos olvidar nunca, que la Córdoba de mediados del siglo X fue el punto de encuentro de pensadores, arquitectos y artistas de cualquier índole y de cualquier parte del mundo conocido; era el lugar donde se creaban las tendencias. No nos resulta extraño, pues, encontrar innovaciones en este ámbito. Apenas volvemos a encontrar este modelo de patio hasta más de 200 años después, en época almohade y nazarí.

Alcazaba de Málaga.
Imagen: https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/7/71/Malaga_Alcazaba.jpg
De hecho, se convierte en uno de los esquemas más comunes en viviendas y edificios palaciegos del XIII y, sobre todo, durante el periodo de esplendor de la Granada musulmana. ¿Cómo reaparece una arquitectura “olvidada” dos siglos después?

Patio de las Doncellas. Reales Alcázares de Sevilla.
Imagen: https://fotomusica.net/provincias02_sevilla/apatiodelasdoncellasalcazarsevilla.jpg
Quizás los grupos almohades que llevaron a cabo el saqueo y la última destrucción de Medina Azahara descubrieron la “Casa de la Alberca” y comenzaron a imitar la estructura en sus palacios y edificios políticos. Tras desaparecer, los líderes nazaríes asociaron los patios con jardín y alberca con la imagen del poder y comenzaron a utilizarlos en sus propios edificios… Aunque no está confirmada, esta podría ser una muy verosímil explicación a la estandarización del modelo en los siglos XIII al XV en lugares como Sevilla, Murcia y, sobre todo, la Alhambra.

Jardines del Generalife. Alhambra de Granada.
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Dicho lo dicho, ahora cobra sentido el título de esta entrada de nuestro blog. En Medina Azahara, en la llamada “Casa de la Alberca”, podemos encontrar al antepasado arquitectónico más antiguo de los rincones más conocidos y famosos de la Alhambra de Granada.

Casa de la Alberca de Medina Azahara.
Imagen: https://www.facebook.com/MedinaAzaharaPatrimonioHumanidad/
Salón Rico de Medina Azahara